Reorganizo el espacio de mi taller, ajustando la distribución ante la creciente presencia de obras que ya desbordan sus límites. En los próximos días recibiré las piezas que formaron parte de la exitosa exposición DESTELLOS, presentada durante más de dos meses en el Teatro Nacional Rubén Darío. Agradezco profundamente el respaldo y el entusiasmo del público amante del arte, cuyo apoyo da sentido y continuidad a mi espíritu creativo.
Con mi amiga, la laureada humanista, dramaturga, poeta y artista plástica Gloria Elena Espinoza de Tercero. Dedicándome su libro «Trilogía Asuncionista» la noche inaugural de mi exposición «DESTELLOS».
Esta noche traigo los destellos de mis sueños impresos en 33 obras, número de resonancia cabalística. Son obras caprichosas, como caprichosa es la vigilia freudiana que nos transporta a un imaginario rincón de la memoria. Pero esos retazos a veces encierran códigos ocultos, que inspiran obras de arte.
Mis sueños esta vez son de peces que nadan en un mar ensangrentado; peces voladores que escapan de la sobrepesca industrial y de la contaminación de los mares. Traigo máscaras coloridas, como las que usamos cotidianamente para esconder nuestra verdadera identidad. En mi duermevela pinté redes neuronales que recuerdan los trabajos de Santiago Ramón y Cajal, lo mismo que entramados de energía destellante, inspirados en la IA.
Como un repaso de mi profesión de antropólogo he soñado con el rescate de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de los pueblos mesoamericanos, deidad del origen del universo y de la humanidad, así como de la fertilidad, del viento y de la lluvia. Su espíritu viajó hasta Nicaragua junto con el maíz, el frijol y el chile —base de nuestra alimentación precolombina—, y aún hoy vela sobre Asososca, como guardián de nuestra principal fuente de agua potable. En la muestra encontrarán varios cuadros dedicados a esta entidad mitológica, el Kukulcán de los mayas.
Vi en sueños la retina de mi amada, e hice varios cuadros circulares dedicados a María Lourdes: retina en do mayor, retina expansiva, retina jubilosa, retina ferial y hasta retina infartada. Esta serie, que todavía continúo hacia el horizontes de 2026, rompe la monotonía rectangular del enmarcado de obras de arte, abriendo nuevas posibilidades expresivas.
Encontrarán esta noche visiones arcanas, sin un orden perceptible, que se manifiestan arropadas en volutas, arcos, líneas y curvas salpicadas de pintura, en una suerte de vorágine sin destino, todas ellas procesadas a la manera del expresionismo abstracto norteamericano de la post guerra, que esconden significados ocultos, hasta para mí. También muestro ensoñaciones abstractas, que más que deformaciones de la realidad figurativa son nebulosas desleídas de mi mente.
Mis visiones de vigilia a veces son alegres, como cuando conmemoran el octogésimo aniversario de la victoria contra el fascismo; o tristes, como cuando me asaltan las terribles imágenes del genocidio, ecocidio y urbicidio contra el pueblo palestino.
Estos son mis sueños que ahora les presento, transformados en color, forma y energía. Esta energía, es la de un pintor tardío, quizás el más joven de los pintores viejos, que le dedica ahora las flamas de su pincel a su pueblo y a su patria.
El próximo miércoles 5 de noviembre a las 7:00 PM, el Teatro Nacional Rubén Darío abrirá sus puertas a la cuarta exposición personal de George Jenkins Molieri: “DESTELLOS”, una cita luminosa con la memoria y la fuerza del color.
Esta muestra sucede a las ya emblemáticas “INCANDESCENCIA” (2021), “REVELACIONES” (2022) y “NIRVANA” (2024), así como a la exposición fotográfica “TESTIMONIOS” (2022), consolidando un recorrido artístico en constante evolución.
Los 32 lienzos que integran “DESTELLOS” fueron seleccionados por los reconocidos comisarios Ricardo Morales Velásquez y Mauricio Solís Delgado, con la colaboración del pintor y poeta Álvaro Gutiérrez Rodríguez —tres maestros con más de cuatro décadas de entrega al arte.
“DESTELLOS” marca un nuevo ascenso en la exploración pictórica de Jenkins Molieri: un universo donde los sueños de la infancia y las memorias de vida se entrelazan en el expresionismo abstracto y la energía del surrealismo. Cada lienzo irradia fuerza y luz, como un canto a la libertad.
Una experiencia que convoca al arte, la pasión y la conciencia. Te esperamos.
Un destacado pez dorado, de mirada desmesurada y luminosa. A su alrededor, cardúmenes, medusas y plantas acuáticas se funden en un vaivén de colores que evocan misterio y vitalidad. La obra simboliza la fuerza de la vida en el océano y la belleza enigmática de lo profundo
La pintura evoca la fuerza mítica de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, ascendiendo por el tronco de un árbol que conecta la tierra con el cielo. Al fondo, las pirámides se levantan como guardianas de la memoria ancestral, iluminadas por un sol que anuncia renovación. En esta obra, lo sagrado y lo natural se entrelazan para rendir homenaje a la cosmovisión mesoamericana y a su legado de sabiduría y vida.